Torear

Torear es ser feliz. Torear es encontrarse con uno mismo, mientras miles te observan y uno mide tu capacidad.

Ese uno es tu compañero. Ese compañero es tu enemigo. Es el enemigo más amado. Y el más amado luchador. No hay falta de respeto. No hay carencia de dignidad. Sólo él y tú. Frente a frente. Cuerpo a cuerpo. Con la felicidad por medio, como arbitro de la contienda.

La única que puede medir realmente lo que haces. El único juez de la expresión de tu alma. La única a la que se le debe rendir cuentas de lo hecho.

Cuando todo encaja. Cuando lo realizado tiene el visto bueno de tan peculiar juez, todo es perfecto. La rotundidad del circulo, por fin, cerrado. La libertad de un alma feliz. La entrega de una felicidad libre.

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Califal

A la luz de los cinco, resurgió. Morante, capote de seda.

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Decepción

No hay problema con la decepción. No es nada más que el resultado no esperado de algo a lo que merece la pena esperar. En la espera se depositan nuestras ilusiones, y es en la espera donde casi más se disfruta. Que siga llegando la decepción, será sinónimo de espera.

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Coso de los Califas

Desde la lejanía te añoro, sultana. Desde lejos, te escucho. 
Tus rumores. Tu ajetreo en tardes como las de hoy, y sobre todo, como mañana.

Propiedad de muchos, objeto de nadie, muchos te han tenido y no te han sabido merecer.

Nadie sabe la importancia que tienes. Ni la belleza que guardas. Nadie sabe lo fundamental que algunos te sentimos.

Ahora estarás disfrutando. Sonreirás viendo a la gente llegar. Viendo el sol como recae sobre ti. Como calienta todos los rincones y recovecos que te sostienen. Ahora olerá en tu sagrado patio de cuadrillas a miedo. A animal. A responsabilidad. 

Ahora en tu arena habrá verdad, después de el año entero dejando entrenar a aquellos quienes se miran en ti con  ilusión.

¡Que callada importancia guardas!

A tí, donde han ido a parar los cinco. Esos que han mandado en el toreo. Que han sido dueños de su vida y de su profesión. Que guardan tu puerta. Ellos, te lo deben todo. Tu se lo debes a ellos.

Ahora más que nunca eres Califal. 

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Resurrección

Sevilla sigue igual. Con su Canorea y su Juampedro. Vaya relación. Que tengan envidia, pensaran ellos, convencidos de lo que parece ya un amor imposible. La corrida toda sin fuerza y sin son ninguno, la única virtud que tuvo fue la sobrada clase y la demasiada bondad. De lo demás nada. Juampedro se ha olvidado de lo que es un toro con chispa y raza o eso parece. Los toros con tanta clase, pero con tanta falta de raza, son como aquellos señores que van al sol de la Maestranza, con el cubata en la mano, 15 minutos tarde pero con su sombrero cordobés y el windsor inalterable. De clase muy bien, pero hace falta algo más.

De repente, sonó la música. Y sonaba Suspiros de España. Morante, inspirado, dejó los mejores momentos en una faena de distancia corta y empaque. El cuarto toro de Juampedro saco algo más de movilidad que sus inválidos hermanos y Jose Antonio se gustó. Con la derecha dejo tres tandas con la solera que dan los años, todo cintura y muñeca con la base de la relajación. En tablas llegaron los naturales a pies juntos. Por aquel entonces la plaza yacía entregada a su torero. Fue como una reivindicación. La Maestranza es suya, y mientras se entretienen con la sobrenaturalidad del temple de Manzanares, lo esperan a él. Con la espada cuatro o cinco pinchazos esfumaron la oreja. Tras otros cuatro descabellos atronó al jabonero. Cabreado recogió la cerrada ovación que le dedicó su público, en su templo. Con el primero de la tarde, también su primero de él, pudimos ilusionarnos con las primeras verónicas. Con que naturalidad los engancha con los vuelos, que facilidad para llevar las embestidas cosidas a las telas. Después volvimos a la realidad de estos toros. La invalidez superior echó por tierra las esperanzas. Nos quedamos con las ganas después de un ilusionante comienzo de faena, todo cadencia, suavidad y templanza. Como suspirando llevo al toro hasta la segunda ralla y allí todo desapareció. Mató de media suficiente.

En el turno de Manzanares salió un toro que según el ganadero, como toda la corrida, era muy del gusto de Sevilla. Al verlo pensé que nos había tomado por tontos. Cuarteado y vareado no llega a toro de plaza de primera. Empezaron a flaquearle las fuerzas y fue cuidado por la cuadrilla en una enésima demostración de calidad. Luego, el torero poco a poco lo hizo, le dio su tiempo. Y cuando todos estábamos pendientes de si llegaba o no llegaba la Cruz Roja a un tendido de sol, rompió. El invento de Manzanares con la muleta puesta iba, y ese era el secreto. Siempre en la cara, no veía nada más. Sin pensárselo acudió a los imperceptibles toques. Manzanares puso lo que ya sabemos, temple y más temple. Acompañó con todo el cuerpo las embestidas del vareado segundo de manera magistral. La estocada a recibir quedo caída y hubo oreja. El quinto se paró en los primeros instantes. Hubo ganas de devolverlo, por parte del público y también del torero, pero ni fuerza tenía para caerse. En un par de banderillas Curro Javier se la jugó  y tuvo que saludar. En la muleta llego sin llegar y se hizo lo que pudo. Aquello no terminó de trascender y con un magnifico volapié lo pasaporto a mejor vida.

Luque después de romper al toro en increíbles verónicas hasta el centro y rematar con una abelmontada media no estuvo en toda la tarde. La música sonó en ese maravilloso recibimiento. Todavía quedan grabadas las dos últimas verónicas. Muy despacito. Muy cosido. Luego con la muleta se le vio como siempre. Sin corazón para llegar al tendido y sin bajar la mano. Es verdad, que la corrida salió sin fuerzas. Pero si has dado tal recital a la verónica, que el mismo Morante se removió en sus adentros, debes de romperte también con la muleta, tenga lo que tenga, quede lo quede. No llegó a nada, y todo en nada quedó. Gracias por las verónicas, que hicieron que Morante respondiera de manera grácil con dos lances a pies juntos bellísimos y una media perteneciente a otro siglo.

La Resurrección debe esperar en una nueva oportunidad. La de Juampedro, digo. Llevamos ya más de tres días esperando.

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