Fomento y renovación

Mucho se está hablando ultimamente de las medidas que se deberían llevar a cabo para adaptar la Fiesta a la coyuntura socio-económica que vivimos. Corren ríos de tinta y moderadores se afanan por controlar un debate que por desgracia solo surge de entre los aficionados. Dentro de estas medidas que se discuten la que está tomando un mayor relieve es la reducción de costes para que así el empresario pueda a su vez llevar a cabo una reducción del precio de la entrada que permita un aumento de afluencia de público.

Encuentro en esta medida una opción de urgencia. Que está bien. Pero de urgencia. La crisis ha pillado a contrapié a todo el entramado estructural de la Fiesta y como un tsunami ha barrido las endebles bases con las que todo estaba sujeto.

Aparte de taponar la sangría con la urgencia que requieren los daños, creo que es el momento de parar, templar y mandar. Pensar un segundo. Escoger la mejor opción dentro de la vorágine. Es el momento de empezar de cero, de aprovechar lo renqueante de la base y afianzar unos nuevos cimientos que permitan afrontar con tranquilidad los años venideros. Fomento y renovación, las palabras claves.

Fomento: No podemos dejar pasar esta oportunidad de inculcar la Tauromaquia entre el común de los mortales. La sociedad se aleja cada vez más de la tauromaquia y hay que intentar que no sea de manera irrevocable. No consiste en rebajar el precio de las entradas. Consiste en llevar a cabo todo tipo de actividades, actos, presentaciones (lo que quieran) para hacer que las personas se acerquen al toreo y que no les importe gastar su dinero en una entrada de toros.
V.gr: Vemos como en los últimos días la gente es capaz de gastar 80€ como entrada más barata para ver un partido de fútbol. Siendo el contexto socio-económico igual para todos los espéctaculos.

Por lo tanto, hay que crear la necesidad y la prioridad a las personas de que acudan a los toros, independientemente del precio que deban pagar por ello.

Renovación: No podemos permitir los aficionados, los que realmente nos desvivimos y disfrutamos con esto, que los encargados del espectáculo sean los mismos siempre. Y que hagan las cosas como siempre. Hay que abrir la ventana, que ya huele. Tenemos que hacer que los que crean el espectáculo no lo hagan mirando su beneficio si no el de todos. Se ha de trabajar durante todo el año en las ciudades y proporcionar medios, para su acercamiento, a quien no es aficionado. Es increíble que el empresario taurino no actúe como el resto de los empresarios no dedicados al ámbito taurino. Aunque suene obvio, para vender algo hay que publicitarlo. Pues parece que esto es impensable dentro de la mafia taurina, que se conforma con no hacer nada y luego quejarse de que la gente no acude a las plazas. ¿Como van a acudir si no se le ha dado promoción, fomento o publicidad?

La inercia nos ha llevado a una isla desierta en la que hay que empezar de nuevo. Es el momento de apuntalar el futuro, aunque haya que operar de urgencia al presente.

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