Romanticismo

El toreo es romanticismo. O eso debería de ser. En el toreo está la magia. En el toreo, la parte más sombría de la tauromaquia, es donde se encuentra uno. O se pierde. El toreo, esa parte más oscura, pero por profunda. Esa parte más escondida, pero por valiosa. El toreo es la cámara del tesoro de la Tauromaquia. El lugar donde los sueños se hacen realidad. El lugar inescrutable, desconocido e inexpugnable, aún por mucho tiempo que se esté en él. Siempre sorprende. No hay mapa posible. Ni momento previsible. El toreo es el lugar de la ensoñación. Bienaventurados aquellos que son capaces de hallarlo. Privilegiados todos. Los demás nos tenemos que conformar con admirarlo desde la distancia. Porque para cruzar la línea que separa la Tauromaquia del toreo, para abrir las puertas que lo guardan, hace falta algo más que ser romántico. Y es por eso que hay que vivirlo con romanticismo.

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