Hay cosas que se dicen. Otras que se piensan. Y por último están aquellas que se piensan y que encima se dicen. Gracias a Dios el pensamiento sigue siendo libre, y se puede pensar lo que se quiera por muy descabellado que sea. Se tiene esa facultad de poder pensar libremente con la total y lógica impunidad que nos ofrece nuestro propio fuero interno. Ningún problema. El problema llega cuando esa libertad de pensamiento se convierte en palabra. Tenemos un problema. Ya no hay tanta libertad para hablar. Que la hay, oigan. Pero no tanta. Porque se puede hablar, decir lo que se desee, pero dentro de unos límites de coherencia y respeto, sobre todo para uno mismo. Porque al hablar nos retratamos. Y hay que respetarse, por mucho que se piense. Pensar cualquier cosa está bien. Sirve de distracción. Hablarla no. No está del todo bien. (Hay que autoimponerse. Un filtro. Un par de límites, no pasa nada, los límites son buenos en ocasiones, el Siglo XXI lo entenderá, no hay de que preocuparse). Esta lección hartamente aprendida a través de la experiencia vital que haya podido adquirir cada ser humano, parece ser que no ha calado lo suficiente en alguien. Ese alguien tiene nombre y hasta apellidos. Chesus Yuste. (Sí, Chesus. No, la Comisión de Cultura no es ninguna charanga) se trata de el portavoz de la Izquierda Plural en la Comisión de Cultura. El pensamiento convertido en palabra por obra y gracia de la ignorancia es el siguiente: “Dudo mucho que la tauromaquia pueda tener esa consideración (Patrimonio de la Humanidad). Es como pretender que Auschwitz sea Patrimonio de la Humanidad”
Mucho cuidado con la gente que se sienta en las distintas comisiones. Si la vida política de nuestro país depende de ellos estamos listos. Después de tal comparación se le debería declarar incapaz. Es tan bajo el respeto y la estima que se tiene a si mismo que no podemos esperar más del que tenga hacia los demás. Y está en un partido político. Y es portavoz. Seguro que en su cabeza sonaba muy bien. Genial. Para decir semejante barbaridad debía ser así. A parte de faltarse el respeto a sí mismo, se lo faltó a toda la sala que en ese momento lo escuchaba, al menospreciar la inteligencia de todos los allí presentes por tener que digerir tal declaración. Incluso a la comunidad internacional ya que el horror de Auschwitz es algo que abochorna al mundo entero y no hay comparación posible y menos con la cultura taurina. Lo más alejado de aquello.
La vida sigue. También estos días se nos ha faltado el respeto a los aficionados incluso desde la misma industria taurina. Morante y Juli fuera de las Fallas. ¿Se considerará Simón Casas un empresario respetable?
